El método de Maha Prajna Paramita (2ª parte)

Aunque, a menudo, nos sintamos solos, si estamos en contacto con la esencia de nuestra existencia, que ni siquiera es nuestra, entonces, toda sensación de soledad se desvanece. Ninguna necesidad de ser envidioso. La felicidad de los otros es también nuestra felicidad. Inversamente, su dolor es nuestro dolor. Esto se vuelve el fundamento de la compasión. No porque esté bien, no porque esperemos una recompensa, agradecimientos, no porque nos hayan dicho que hay que amar al prójimo, sino porque comprobamos realmente la no separación. A partir de esto, hacemos lo que podemos, creando todos los medios hábiles para ayudar a todos los seres, cada uno según sus capacidades y circunstancias.

El Maestro Eno decía: “¿Qué llamamos prajna? ¿Qué es? Es la práctica de la sabiduría sin un solo instante de ignorancia.” Y la ignorancia es no comprenderse a sí mismo. La práctica de la sabiduría se practica de instante en instante. No es algo definitivo ni establecido. Cuando, en el instante mismo, iluminamos nuestros propios bonno, las propias ilusiones, las dejamos pasar sin seguirlas, es un instante de sabiduría. La sabiduría, tampoco es algo que obtengamos definitivamente, sino una práctica constante, iluminar constantemente nuestras propias ilusiones.

La práctica de no dejarse arrastrar por los fenómenos, es lo que llamamos paramita. Que quiere decir, ser completamente libre, aquí y ahora, en medio de todos los fenómenos.

El Maestro Eno decía: “Paramita significa trascendente, es decir, libre de la producción y de la destrucción. Ya que producción y destrucción sólo existen cuando hay apego a la existencia real de los objetos.” Y toma el ejemplo de las olas en la superficie del agua. Todos los objetos, objetos de nuestras percepciones, de nuestros pensamientos, son como olas en el agua. En zazen, la consciencia está en la orilla. Está en la orilla, vemos formarse las olas y romper en la orilla. Podemos ver claramente que cada ola no está separada del mar, no tiene existencia en sí misma. Hablando con propiedad, las olas no tiene ni nacimiento ni muerte, son simplemente la transformación momentánea del mar, no tienen existencia separada. Aplicada a uno mismo, esta visión es prajna, la intuición de la existencia no separada. Cuando nos tomamos en serio nuestras construcciones mentales, nos identificamos con ellas, la vida se vuelve complicada, limitada. Aparecen todo tipo de deseos. Empezamos a detestar todo lo que contradice esos deseos. Nos volvemos victimas de lo que llamamos los tres venenos, la avidez, el odio y la ignorancia. Todo lo que hacemos en la vida arrastrados por esos tres venenos, transforma esta existencia en algo irreal, como un sueño pasado por perseguir nuestras ilusiones. Venir a hacer una sesshin y sentarse en zazen es sentarse en la orilla, cesar de estar sacudido por las olas.

¿Cuál es el sentido de la vida con respecto a la vacuidad? Observar la vacuidad de todas nuestras ilusiones, es darnos la oportunidad de contactar la realidad de nuestra existencia y de armonizarnos con ella. Es el sentido de prajna paramita, realizar la sabiduría que nos permite ir más allá de nuestro pequeño ego y vivir en armonía con el orden cósmico. Todas las paramita, las seis prácticas del bodhisattva, son la manera de armonizarnos con el orden cósmico, de abandonar la vida ilusoria, de llevar una existencia más auténtica. Es la evolución de nuestra práctica, no es algo que podamos alcanzar y realizar definitivamente, sino una Vía que se realiza instante tras instante. Practicar una sesshin es una ocasión de llevar esta vida, despiertos, instante tras instante, como un instante de despertar sucede a un instante de ilusión. En la vida cotidiana, recibimos mucha información y vivimos mucho con la cabeza, en nuestros pensamientos. Las personas pierden la capacidad de ver claramente lo que nos anima. Practicar zazen es reencontrar el contacto con nuestra existencia real, volverse completamente íntimo con uno mismo.

La forma de practicar enseñada por el Maestro Eno, es lo que él llamaba la igualdad del recogimiento y de la sabiduría, es decir, de la concentración y la observación. A través de la concentración, aprendemos a dejar pasar nuestros pensamientos, a abandonar todo lo que parasita nuestro espíritu. Esto implica volver constantemente a la concentración en la postura, estar completamente presente en el propio cuerpo, en la propia respiración, no sólo durante zazen, sino también en kin hin, durante las comidas, durante el samu, incluso durante los momentos de reposo y no dejarnos escapar del momento presente, ser plenamente conscientes de lo que vivimos en este mismo instante, presentes en nosotros mismos y en los otros simultáneamente.

La observación es ver claramente que nuestro propio cuerpo, nuestras sensaciones, nuestras percepciones, nuestros pensamientos, a pesar de que existen, se manifiestan de instante en instante, sin nada fijo, sin nada que podamos asir. Así, podemos vivir en nuestro cuerpo sin apegarnos a él, sin hacer algo separado del resto del universo. Somos conscientes de nuestras sensaciones, a veces agradables, en otros momentos desagradables, sin apegarnos a lo agradable ni detestar lo desagradable. Así sin suprimir las sensaciones, no somos afectados por ellas. Lo mismo ocurre con las percepciones y los pensamientos. A través de esta forma de pensar, el Maestro Eno decía que , los Budas de todos los tiempos aparecen y transforman todas las causas de sufrimiento, todos los venenos, en ocasiones de despertar y de práctica de la Vía.

Comentarios al Sutra del Estrado del Maestro Eno.
Roland Yuno Rech.