Elección y rechazo

El maestro Sosan expresa maravillosamente en el primer poema zen, el Shin Jin Mei: “Penetrar en la vía no es difícil, pero no hace falta ni amor ni odio, ni elección ni rechazo.” Aunque las elecciones y emociones surjan, las acogemos en lo que son: sencillamente una emoción, una preferencia, pero no las seguimos. No seguir, no rechazar es la gran libertad de la mente de zazén.

Practicar en una sesshin nos ayuda a vivir esta mente a lo largo de la jornada, colocando la misma atención, la misma energía en cada una de las prácticas, no diferenciando entre el dojo, el samu, el dormitorio, los lavabos. Todo lugar es el lugar para actualizar la Vía, el cuerpo y la mente en total presencia al aquí y el ahora, sin separación de los otros.

Evidentemente podemos interrogarnos sobre la forma de practicar en la vida cotidiana. Está claro que en zazén podemos abandonar el espíritu de elección y de rechazo, acoger todas las sensaciones, sin elegir apegarnos a lo que nos agrada y eliminar lo que nos desagrada. Reflejamos simplemente lo que pasa instante a instante. Ni siquiera somos nosotros los que lo hacemos, se hace solo en el espejo de zazén.

En un templo, la vida está organizada de forma que no hay elección, el gyoji es fijo, todas las actividades están canalizadas, de forma que no hay nada más que seguir. Así, el abandono del ego se hace de forma automática y naturalmente. Pero este abandono depende de un marco extremadamente estricto. A menudo cuando los monjes salen de su monasterio, se encuentran un poco perdidos en la vida cotidiana, ya que de nuevo deben elegir.

Pero si hacemos zazén en un dojo es porque antes hemos elegido ir a practicar. Hubiéramos podido dormir una hora más y hemos elegido ir. Lo que quiere decir que en la vida cotidiana necesitamos elegir. Pero eso no significa que la práctica de la Vía no sea posible en la vida cotidiana. La respuesta es que hay un tiempo para cada cosa. Un tiempo para elegir y un tiempo para ser uno con lo que pasa más allá del espíritu de elección y de rechazo. Si queremos continuar la práctica del zen en la vida cotidiana, hay que admitir que hay un tiempo para reflexionar y escoger. “¿Qué vamos a hacer en los momentos que siguen, en la hora que sigue, durante el día? ¿Qué vamos a hacer con nuestra vida?” Esto merece una reflexión. Una vez que hemos decidido hacer algo, podemos concentrarnos de nuevo sobre la cosa en sí misma. Podemos preguntarnos si hemos seguido las recomendaciones de Buddha: “¿Cuáles serán las consecuencias eventuales de esta elección? ¿Esto traerá bienestar para los otros, para uno mismo, o, por el contrario, sufrimiento? Es un excelente criterio de elección.

Fragmento de libro “Manual de meditación zen” de Roland Yuno Rech