El método de Maha Prajna Paramita (1ª parte)

En este pasaje del Sutra del Estrado, el Maestro Eno, después de haber invitado a su auditorio a tomar refugio en los Tres Tesoros, el Buda, el Dharma y la Shanga, emprende la tarea de enseñarles la Gran Sabiduría, el método del Maha Prajna Paramita. Es sánscrito. Quiere decir, la práctica de la Gran Sabiduria que permite ir más allá, más allá de de todos los obstáculos, más allá de todo el sufrimiento, mas allá de todas las ilusiones, que provocan nuestros apegos y nos encierran en una vida limitada. Eno insiste en que se trata de un método práctico, que no es suficiente con machacar con las palabras.

También en Occidente nos gusta la sabiduría. Hemos desarrollado muchos sistemas filosóficos. Pero estos sistemas no ofrecen una práctica concreta de la sabiduría. Y a menudo, al estudiarlas, nos complicamos más.

Maha Prajna Paramita, es el método de sabiduría que cantamos cuando cantamos el Hannya Shingyo. Cantar el Hannya Shingyo no consiste simplemente en repetir palabras. Es concentrarse en la respiración, en la espiración, olvidándose completamente de sí mismo en el canto, sin guardar nada. Esta práctica de concentrarse en cada espiración sin guardar nada, nos ayuda a aproximarnos a la práctica de la Gran Sabiduría. Maha significa grande y Eno precisa que eso significa la inmensidad el espíritu vasto, como el espacio vacío, el cielo inmenso. Pero nos pone en guardia diciendo: “No permanezcáis sentados en la mente vacía, pues corréis el riesgo de confundir ese vacío con una caída en la nada. El vacío del cielo, de la nada, es un vacío que contiene el sol, la luna, las estrellas, la gran tierra, la montaña, los ríos, todas las especies de árboles y plantas, los hombres buenos y malos, igual que las mujeres, las cosas buenas y malas, los paraísos y los infiernos. Todo eso se encuentra en el vacío.”

Eno añade: “La esencia del hombre, la esencia lo engloba todo. Es exactamente igual que el vacío de la conciencia en zazen. Cuando en zazen, la mente no se agarra a nada, no permanece en nada, no piensa en nada especial, se vuelve vasta y acogedora. No es vacío porque se encierre en sí mismo, sino que es un vacío abierto, como una ventana abierta al mundo exterior e interior. Es la mente que no está atestada de concepciones y categorías mentales. Hay pues que estar atentos a la realidad que se manifiesta de manera nueva a cada instante. El espíritu vasto es el espíritu que no elige, como el vasto océano que acoge todas las aguas, como el Buda que acoge todos los seres, buenos y malos, sin rechazar a nadie, como el espíritu en zazen que acoge todo sin asir ni rechazar sea lo que sea. Así todos los pensamientos del subconsciente pueden ser acogidos en el espíritu de zazen, todas las emociones, los viejos recuerdos.

El espíritu de zazen es acogedor y no reprime nada. Como un espejo refleja cada cosa tal cual es, sin añadir juicio, interpretación. Ver sólo eso, tal cual es. Esta forma de ver no crea oposición, separación. En la vida cotidiana, es acoger cada persona tal cual es, sin juzgar, sin verla a través de nuestras preferencias, nuestros prejuicios, nuestros deseos, nuestras expectativas, nuestras opiniones. Esto se vuelve causa de múltiples conflictos, de violencia, de incomprensión. Volver al espíritu vasto de zazen, es el mejor método para prevenir este tipo de dificultad. El espiritu es vasto ya que abandona los límites de nuestro pequeño ego. No se identifica con estos límites, es decir, con sus preferencias y sus rechazos. Entonces, se vuelve acogedor.

Eno añade: “La esencia del ser humano es vacío en ese sentido igualmente.” Las personas se interrogan sobre lo propio del ser humano. ¿Qué es lo propio del ser humano? En zazen realizamos que es ser uno con todo el universo. Ninguna característica particular es la limpieza del hombre. La limpieza del hombre es poder sobrepasar constantemente todos los límites, no ser programable, definible. Acercarse a esta visión infinita e ilimitada, es lo propio de la práctica de en seshin.

El maestro Eno decía: “Hay extraviados que vacían la mente y ya no piensan, llamando a eso grande, Maha. No se trata en absoluto de eso. “La inmensidad del espíritu no tiene que ver nada con esa pequeñez, es decir, la pequeñez de la mente que busca suprimir todo pensamiento, que se encuentra limitada por esa intención de no pensar más. Si confundimos la práctica de zazen con este tipo de ejercicio, perdemos la oportunidad de realizar la verdadera sabiduría y la verdadera liberación. Es por lo que se enseña a pensar desde el fondo del no-pensamiento: no, no pensar, sino cambiar la forma de pensar. Durante zazen, pensamos inconsciente y naturalmente, es decir, dejamos pasar los pensamientos, no los dirigimos, no los rechazamos, no nos apegamos.

También se desarrolla la intuición, pues el espíritu no está limitado por ninguna intención. Entonces puede volverse vasto, dejar aparecer los pensamientos más allá de nosotros mismos, más allá de nuestras fabricaciones mentales ordinarias, de nuestras coagulaciones. No nos perdemos en los pensamientos.

En cuanto hemos tomado conciencia de ellos, volvemos a la respiración y a la postura, soltamos presa. Así el espíritu se vuelve disponible a cada instante, abrazamos la impermanencia, como la mente de un niño que tiene la capacidad de metamorfosearse de un momento a otro. Realizamos una consciencia instantánea. Aunque nuestro cuerpo no sea más alto que seis pies, nuestro cerebro no sea más grande que un melón, nuestro cuerpo-mente sentado en zazen abraza todos los fenómenos.

Eno decía: “Nuestra esencia es la de abrazar todos los fenómenos. Tal es su grandeza.” En zazen podemos pensar lo impensable. Por ejemplo, científicamente no podemos remontarnos, no podemos concebir lo que existía antes de la creación del universo. No se sabe nada antes del big-bang. Es inconcebible. Pero la conciencia de zazen incluye ese inconcebible, el tiempo infinito y el espacio ilimitado. Para ello es suficiente con abandonar el deseo de atrapar un origen y armonizarse con lo ilimitado. Como una gota de rocío que puede reflejar la inmensidad del cielo. Por lejanas, por grandes que sean la luna y las estrellas, pueden encontrar sitio en una gota de rocío. Pero esto no es sólo una cuestión de reflejo y de espejo. No es sólo una cuestión de consciencia, ya que con la consciencia permanecemos en la dualidad.

El Maestro Eno decía ademas: “La totalidad de las cosas no es otra cosa que nuestra esencia.” Quiere decir que no es sólo la totalidad de las cosas lo que puede reflejarse en nuestra conciencia, sino la esencia misma de nuestra existencia no es ni diferente ni separada de todo el universo. Nuestro verdadero sí mismo es el universo entero, es decir, la existencia sin separación, que es la verdadera vacuidad. Realizando esto, podemos ir inmediatamente, más allá de muchas de nuestras contradicciones.

Comentarios al Sutra del Estrado del Maestro Eno.
Roland Yuno Rech.