La actitud del espíritu

La actitud del espíritu se origina naturalmente de una profunda concentración en la postura y en la respiración. Durante zazen el cortex descansa y el flujo consciente de pensamientos se agota. Mejor irrigado el cerebro profundo se despierta. El sistema nervioso está relajado, el cerebro “primitivo” en plena actividad. Se está receptivo, atento al máximo con todas las células del cuerpo. Se piensa con el cuerpo, inconscientemente sin usar energía.

No se trata de querer detener los pensamientos (lo cual sería todavía pensar) sino de “dejar pasar” como nubes en el cielo, como reflejos en un espejo, sin oponerse ni apegarse. Así pasan y se desvanecen. Las imágenes se elevan del subconsciente, después desaparecen. El mental se calma liberándose poco a poco el inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensamiento, hishiryo, verdadera pureza.