¿Qué es el Zen?

El zen es ante todo la práctica de zazen: sentado de cara a la pared, concentrado sobre la postura, la respiración tranquila y el espíritu claro. Zazen es la vuelta a la condición normal del cuerpo y del espíritu, la condición original. Es una experiencia única: la comprobación íntima de la no-dualidad, más allá de la religión, más allá de los conceptos, más allá del lenguaje.
Hablar del zen es una empresa paradójica, es como intentar describir el sabor de una manzana a alguien que nunca ha probado una.

La postura de zazen

Sentado en el centro del zafu (cojín redondo y espeso, tradicional), se cruzan las piernas en loto o medio loto. Si se tiene alguna imposibilidad, simplemente se cruzan las piernas delante de sí, pero es esencial apoyarse en el suelo con las rodillas. La pelvis debe balancearse hacia delante a la altura de la quinta vértebra lumbar, de esta forma la masa del cuerpo se lleva hacia delante, aligerando la columna vertebral que debe estar bien derecha, tensa, como si quisiéramos empujar el cielo con la cabeza y el suelo con las rodillas.

La respiración

La respiración zen tiene un papel principal, no es comparable a ninguna otra. Tiende sobre todo a establecer un ritmo lento, poderoso y natural, basado en la expiración. Esta debe ser tranquila, larga y profunda, ejerciendo sobre los intestinos un empuje hacia abajo. La inspiración viene a continuación automáticamente al estar los pulmones vacíos. La concentración sobre la expiración desarrolla una gran energía en la cintura, los riñones, y la cadera. El centro de la energía no está en la cabeza o en el corazón, sino en el hara, o kikai tanden “océano de la energía”, centro vital situado bajo el ombligo.

Por la practica de zazen, ésta respiración, poco a poco, se vuelve un hábito en la vida cotidiana y también durante el sueño. Se puede recurrir a ella en momentos difíciles para controlar las emociones y tranquilizar el espíritu.

La actitud del espíritu

La actitud del espíritu se origina naturalmente de una profunda concentración en la postura y en la respiración. Durante zazen el cortex descansa y el flujo consciente de pensamientos se agota. Mejor irrigado el cerebro profundo se despierta. El sistema nervioso está relajado, el cerebro “primitivo” en plena actividad. Se está receptivo, atento al máximo con todas las células del cuerpo. Se piensa con el cuerpo, inconscientemente sin usar energía.

No se trata de querer detener los pensamientos (lo cual sería todavía pensar) sino de “dejar pasar” como nubes en el cielo, como reflejos en un espejo, sin oponerse ni apegarse. Así pasan y se desvanecen. Las imágenes se elevan del subconsciente, después desaparecen. El mental se calma liberándose poco a poco el inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensamiento, hishiryo, verdadera pureza.